
Los medios de comunicación, principalmente la televisión, son considerados uno de los principales causantes del incremento de la obesidad en el mundo, principalmente por tres razones: porque nos conlleva al sedentarismo, nos provoca consumir snacks ricos en azúcares y grasas, y porque nos exponemos a una gran cantidad de publicidad de alimentos no saludables.
Esta última razón es especialmente preocupante porque la publicidad es una arma poderosa para influenciar y persuadir, capaz de cambiar actitudes o incluso crearnos necesidades que no existían.
La capacidad las marcas para distorsionar los gustos por la comida también son sorprendentes. En Estados Unidos se realizó un estudio a 63 niños entre tres y cinco años que intentaba demostrar que estos percibirían los alimentos más ricos si se les presenta como un producto de McDonald’s. El resultado fue revelador: al 48% de niños le sabía mejor la hamburguesa que tenía la marca McDonald’s frente a un 37% que indicaba lo contrario. La misma tendencia se presentó cuando se les dio nuggets (59%), papas fritas (77%), jugo de manzana o leche (61%), e inclusive zanahorias (54%). El porcentaje de preferencias por los alimentos con la marca McDonald’s se incrementaba si los niños contaban un mayor número de televisores en su hogar.

Por todos estos motivos, la cantidad de publicidad de alimentos no saludables al que son expuestos los niños (fast food, gaseosas, helados, golosinas, etc) debe ser contrarrestado por los padres con acciones simples pero importantes: tener un mayor control de la cantidad de televisión que ven, informarse sobre la información nutricional de los alimentos que se ofertan (preferir siempre la comida no procesada) y promover siempre la actividad física.
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